Colocar queso u otros alimentos listos para consumir junto al pollo crudo puede representar un riesgo de contaminación cruzada si no se mantienen separados y protegidos adecuadamente.
El problema no es que el queso y el pollo estén necesariamente en el mismo establecimiento, sino que los jugos del pollo crudo pueden contener bacterias y transferirlas a alimentos que normalmente se comen sin cocinar.
¿Qué es la contaminación cruzada?
La contaminación cruzada ocurre cuando microorganismos presentes en un alimento pasan a otro mediante jugos, manos, cuchillos, tablas, recipientes, superficies o utensilios.
El pollo crudo puede contener bacterias como Salmonella, Campylobacter, E. coli y otras, por lo que debe manipularse cuidadosamente.
El riesgo aumenta especialmente cuando el alimento contaminado no será cocinado posteriormente.
¿Por qué el queso puede ser un problema?
Muchos tipos de queso se consumen directamente, sin someterlos a una cocción posterior que elimine las bacterias.
Si un paquete de pollo crudo pierde líquido y este entra en contacto con un queso listo para comer, las bacterias pueden transferirse al producto.
Por eso, las autoridades sanitarias recomiendan mantener las carnes y aves crudas alejadas de los alimentos listos para consumir, tanto durante las compras como durante el almacenamiento y la preparación.
¿Significa esto que nunca pueden venderse en el mismo lugar?
No.
Un supermercado, carnicería o tienda puede vender pollo crudo y queso sin que eso implique automáticamente un problema sanitario.
Lo importante es que exista una separación adecuada.
El pollo debe mantenerse en envases que impidan fugas y, cuando corresponda, separado físicamente de los alimentos listos para consumir.
En el refrigerador doméstico, por ejemplo, los CDC recomiendan colocar el pollo crudo en recipientes cerrados y en un estante inferior para evitar que sus jugos goteen sobre otros alimentos.
El peligro aumenta si el empaque está roto
Un envase de pollo con fugas puede contaminar:
- Otros alimentos.
- Estantes del refrigerador.
- Bolsas de compra.
- Carritos.
- Mesas y mostradores.
- Manos.
- Utensilios.
Por eso, el USDA recomienda no comprar carnes o aves cuyos envases estén rotos o presenten fugas.
¿Y si el queso estaba empacado?
El riesgo puede ser menor si el queso está completamente protegido por un envase intacto, pero eso no significa que cualquier contacto externo sea seguro.
Si el exterior del paquete de queso entra en contacto con líquidos de pollo crudo, la superficie puede contaminarse y posteriormente transmitir microorganismos a las manos u otras superficies.
Por eso, la higiene y la separación siguen siendo fundamentales.
Una regla sencilla: separar, limpiar, cocinar y refrigerar
La seguridad alimentaria puede resumirse en cuatro pasos:
1. Limpiar: lavar las manos y las superficies.
2. Separar: mantener el pollo crudo y sus jugos lejos de los alimentos listos para comer.
3. Cocinar: el pollo debe alcanzar una temperatura interna de 165 °F (73,9 °C).
4. Refrigerar: mantener los alimentos perecederos adecuadamente refrigerados.
¿Hay que lavar el pollo antes de venderlo o cocinarlo?
No.
Lavar el pollo crudo no elimina las bacterias y puede provocar que los microorganismos se dispersen mediante las gotas de agua hacia el fregadero, las superficies y otros alimentos. El USDA y los CDC recomiendan no lavar el pollo antes de cocinarlo.
Un cuidado especial con ciertos quesos
Los alimentos listos para consumir pueden representar un riesgo mayor para personas vulnerables a determinadas infecciones.
En el caso de la Listeria, las mujeres embarazadas, recién nacidos, adultos mayores y personas con sistemas inmunitarios debilitados tienen mayor riesgo de desarrollar complicaciones graves.
Por eso, además de evitar la contaminación cruzada, estas personas deben prestar especial atención a la pasteurización y conservación adecuada de los quesos.
En resumen
Vender queso y pollo crudo en el mismo establecimiento no es necesariamente peligroso. El verdadero problema aparece cuando no se aplican medidas adecuadas para impedir que los jugos del pollo lleguen a alimentos listos para consumir.
El pollo crudo debe estar correctamente empacado y separado del queso, tanto en el transporte como en el almacenamiento y la manipulación.
Una simple fuga puede ser suficiente para contaminar otros productos, por lo que la regla más importante es clara: pollo crudo por un lado y alimentos listos para comer por otro.
