Tener queso y pollo crudo en el mismo establecimiento no es automáticamente peligroso. El verdadero problema aparece cuando ambos productos se manipulan, almacenan o exhiben de una manera que permita que los jugos del pollo crudo entren en contacto con el queso u otros alimentos listos para consumir.
Las autoridades de seguridad alimentaria recomiendan mantener las carnes y aves crudas separadas de los alimentos que no necesitan cocción.
¿Por qué el pollo crudo representa un riesgo?
El pollo crudo puede contener bacterias capaces de provocar enfermedades transmitidas por los alimentos.
El peligro aumenta cuando sus jugos entran en contacto con alimentos que posteriormente no serán cocinados, como algunos quesos, frutas o alimentos preparados.
A este proceso se le conoce como contaminación cruzada.
Por ejemplo, sería problemático colocar un paquete de pollo crudo sobre una superficie donde después se manipulará queso listo para consumir sin realizar una limpieza y desinfección adecuada.
¿Pueden estar en el mismo refrigerador?
Sí, pero deben estar correctamente separados y protegidos.
El USDA recomienda colocar las aves y carnes crudas en recipientes o bolsas cerradas para evitar que sus jugos goteen sobre otros alimentos. La temperatura del refrigerador debe mantenerse en 40 °F (4 °C) o menos.
Por eso, en una tienda o negocio de alimentos, no basta con que ambos productos estén refrigerados: hay que evitar cualquier posibilidad de contacto directo o goteo.
¿Y si se venden en el mismo mostrador?
También puede hacerse de forma segura si existe una separación física y una manipulación adecuada.
El queso listo para consumir debería mantenerse protegido y separado de las superficies, utensilios y recipientes utilizados para el pollo crudo.
Las tablas de cortar, cuchillos, bandejas y otros utensilios que entren en contacto con pollo crudo deben limpiarse adecuadamente antes de utilizarlos con alimentos listos para comer.
El problema no es solamente el contacto directo
Una persona que manipula pollo crudo y posteriormente toca queso sin lavarse las manos también puede transferir microorganismos.
Por eso, las recomendaciones de seguridad alimentaria se basan en cuatro principios:
Limpiar, separar, cocinar y refrigerar.
El lavado de manos, la limpieza de superficies y la separación de alimentos son fundamentales.
Especial cuidado con los quesos frescos
Los quesos frescos y blandos, como queso fresco, queso blanco o requesón, requieren especial atención porque pueden favorecer el crecimiento de Listeria.
La FDA señala que Listeria puede crecer incluso a temperaturas de refrigeración.
Además, en agosto de 2026 la FDA informó que concluyó una investigación relacionada con un brote de Listeria monocytogenes vinculado a requesón, con 15 personas enfermas, 14 hospitalizaciones y una muerte.
Esto demuestra por qué la manipulación higiénica de los alimentos refrigerados es tan importante.
¿Qué debería hacer un negocio que vende ambos productos?
Una buena práctica sería:
- Mantener el pollo crudo en recipientes cerrados.
- Evitar que sus jugos puedan gotear sobre otros alimentos.
- Mantener el queso protegido y separado.
- Utilizar utensilios diferentes para cada producto.
- Lavarse las manos después de manipular pollo crudo.
- Limpiar y desinfectar las superficies de trabajo.
- Mantener la refrigeración a 4 °C o menos.
- No colocar alimentos listos para consumir sobre superficies que hayan estado en contacto con pollo crudo sin limpiarlas previamente.
Un error que debes evitar
No laves el pollo crudo antes de venderlo o cocinarlo.
El USDA desaconseja lavar las aves porque el agua puede provocar salpicaduras y distribuir bacterias por el fregadero, las superficies y otros alimentos. La cocción adecuada es la que elimina los microorganismos peligrosos.
En resumen
Vender queso y pollo crudo en el mismo establecimiento no es, por sí mismo, un problema sanitario.
El riesgo aparece cuando no existe una separación adecuada y los jugos del pollo, las manos, los utensilios o las superficies contaminadas pueden transmitir microorganismos al queso.
La regla más importante es sencilla:
pollo crudo separado de los alimentos listos para consumir, superficies limpias y refrigeración adecuada.
En seguridad alimentaria, muchas veces la diferencia entre un alimento seguro y uno contaminado está en algo tan sencillo como evitar un contacto que nunca debería ocurrir.
