Se casó con un viejo millonario solo por su dinero, pero cuando el murió ella no esperaba esto en el testamento

El amor es mágico, es ciego y lo entrega todo. Sí, sabemos que todo esto es un cliché pero para los enamorados no hay nada más cierto que esas afirmaciones.

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Una pareja que se profesa amor sincero pasa por alto los defectos  y  las fallas, ambos trabajan hombro a hombro para cumplir metas conjuntas y compartir la vida entera.

Sin lugar a dudas, no hay nada más hermoso que el amor, claro, siempre y cuando sea correspondido. La realidad es que a veces las historias no son tan lindas como narran los cuentos de hadas.

Las personas más románticas seguramente tendrán problemas para imaginarse compartiendo la vida con alguien a quien no amen, pero para algunos otros este “sacrificio” puede ser el boleto de entrada a una vida de placer y lujo.

Tal parece ser el caso de la señorita Sandrine Devillard. Esta mujer es la protagonista de una de las bodas más populares de Madrid.

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En el año 2011, mientras ejercía su trabajo de agente inmobiliaria, conoció al multimillonario francés Marcel Amphoux, con quien contrajo matrimonio poco tiempo después de haberlo conocido.

Una herencia muy anhelada

A pesar de su amplia fortuna, compuesta por innumerables tierras, cabañas de lujo y una inmensa cantidad de dinero, el anciano francés pasaba sus días en una humilde cabaña, sin agua ni electricidad, en Puy-Saint-Pierre.

La boda entre la joven y el multimillonario francés causó una gran polémica. Como es de esperarse todos los observadores suponían que la motivación de Sandrine no era el amor, sino la cuenta bancaria de su prometido.

De hecho, una vez concretado el matrimonio la joven se fue a Paris a disfrutar de su nuevo status económico mientras que su esposo permanecía en su cabaña.

El final de la historia, sin embargo, fue muy distinto a lo que la joven esperaba. En el año 2012 el señor Marcel murió en un trágico accidente de tránsito. Sandrine, como viuda, esperaba obtener una gran fortuna que le garantizaría su vida soñada.

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Sin embargo, para su sorpresa el testamento de su esposo expuso que los beneficiarios del dinero y las propiedades serían los vecinos y la prima del difunto.

La mujer, luego de recibir la noticia, se dirigió a los tribunales para abrir un alegato. Allí, Devillard declaró que su ausente esposo le había dejado una carta en la que declaraba que su última voluntad era que toda su fortuna pasara a manos de su esposa al momento de su muerte.

Sin embargo, el tribunal respetó la legalidad del testamento original y dejó a la joven viuda sin un solo euro.