El olor que algunas personas perciben antes de la muerte

A lo largo de la historia, diversos relatos de personal de salud, cuidadores en unidades de cuidados paliativos y familiares han mencionado la presencia de un aroma particular o característico en las horas o días previos al fallecimiento de una persona. Lo que durante mucho tiempo se consideró parte del folclore popular o de percepciones intuitivas, hoy encuentra explicaciones claras a través de la bioquímica, la medicina paliativa y la biología del envejecimiento celular.

Comprender los procesos metabólicos que ocurren en las etapas finales de la vida permite desmitificar este fenómeno y entenderlo como una manifestación biológica natural del organismo.

La explicación bioquímica: Compuestos Orgánicos Volátiles (COV)

A medida que el cuerpo humano se acerca al final de la vida, los sistemas orgánicos reducen gradualmente su actividad. Este cese progresivo de las funciones vitales altera el metabolismo celular, lo que genera la liberación de ciertos Compuestos Orgánicos Volátiles (COV) a través del aliento, el sudor y la piel:

Fallo renal y hepático: Cuando los riñones y el hígado disminuyen su capacidad para filtrar toxinas y metabolizar desechos, sustancias como la urea y el amoníaco se acumulan en el torrente sanguíneo. Esto puede producir un aliento o un olor corporal con matices amoniacales o dulces metálicos.

Cetosis y alteración de glucosa: En pacientes que han dejado de ingerir alimentos o líquidos de forma prolongada, el cuerpo comienza a metabolizar las grasas para obtener energía. Este proceso genera cetonas, las cuales se despiden a través de la respiración con un aroma dulzón característico (similar al de las manzanas maduras o al quitaesmalte).

Descomposición celular y enzimas: En la fase agónica o preagónica, la perfusión sanguínea en los tejidos periféricos se reduce drásticamente. La falta de oxigenación celular desencadena la liberación de compuestos sulfurados (como la cadaverina y la putrescina en concentraciones microscópicas), los cuales pueden ser detectados por el sentido del olfato, especialmente por personas con una sensibilidad olfativa aguda.

El sentido del olfato en el ser humano y la quimiorrecepción

El olfato humano es uno de los sentidos más antiguos y conectados de forma directa con el sistema límbico, la estructura cerebral encargada de procesar las emociones y la memoria.

Reconocimiento inconsciente: Aunque el ser humano no suele racionalizar los olores sutiles como lo hacen otras especies animales, el sistema olfativo es capaz de identificar cambios químicos imperceptibles en el entorno o en otras personas.

Percepción en entornos clínicos: Los profesionales con amplia experiencia en residencias de ancianos o áreas de cuidados paliativos a menudo desarrollan una capacidad intuitiva para asociar ciertos patrones de aroma corporal con el deterioro metabólico severo, utilizándolo como un indicador clínico indirecto junto con otros signos vitales.

Otros signos clínicos del proceso de declive biológico

El cambio en la emanación de olores corporales no ocurre de forma aislada; forma parte de una serie de manifestaciones fisiológicas esperadas durante la fase final de una enfermedad avanzada o en la senectud:

Patrón respiratorio alterado: Aparición de la respiración de Cheyne-Stokes (períodos de respiración profunda seguidos de pausas o apneas).

Cambios en la temperatura y coloración cutánea: Extremidades frías, pálidas o con un aspecto moteado debido a la centralización de la circulación sanguínea hacia los órganos vitales.

Disminución del estado de alerta: Somnolencia profunda, letargo o periodos prolongados de inconsciencia.

Rechazo de alimentos y líquidos: Pérdida natural del apetito y de la sensación de sed a medida que el sistema digestivo reduce su motilidad.