El concepto hace referencia a una «nebulosa», ya que los límites entre la atracción sexual, romántica, estética, emocional o platónica se vuelven difusos e imposibles de separar en su experiencia interna. Esta vivencia se presenta con frecuencia en personas neurodivergentes —como aquellas dentro del espectro autista, con TDAH o con trastorno de estrés postraumático—, cuya forma de procesar los estímulos afectivos y corporales difiere de la norma.
