Asistir a la peluquería o a la barbería para renovar el aspecto suele ser una rutina inofensiva de cuidado personal. Por lo tanto, resulta alarmante cuando esta experiencia termina desencadenando una afección dermatológica inesperada. Asimismo, el uso compartido de herramientas metálicas y el contacto directo con la piel del cuero cabelludo abren la puerta a diversos microorganismos. En consecuencia, la comunidad médica ha emitido alertas frecuentes sobre el riesgo de contraer infecciones cutáneas si no se cumplen estrictas normas de bioseguridad.
