10 señales de que tus riñones podrían estar deteriorándose y cuándo puede ser necesaria la diálisis.

Los riñones cumplen funciones vitales en el organismo: filtran los desechos y el exceso de líquidos de la sangre, regulan la presión arterial, equilibran los electrolitos y estimulan la producción de glóbulos rojos. Sin embargo, debido a que las enfermedades renales suelen avanzar de manera silenciosa en sus etapas iniciales, muchas personas no perciben los daños hasta que el órgano ha perdido gran parte de su capacidad operativa.

Conocer las señales de alarma que emite el cuerpo es fundamental para buscar atención médica oportuna y frenar el deterioro antes de que alcance fases críticas.

10 señales de alerta de que tus riñones no están filtrando bien

Fatiga crónica y debilidad general: Cuando los riñones fallan, se acumulan toxinas e impurezas en la sangre (uremia), lo que provoca un cansancio profundo, falta de energía y dificultad para concentrarse debido a la anemia secundaria.

Hinchazón (edema) en tobillos, pies y manos: La incapacidad para eliminar el exceso de sodio y líquidos genera retención hídrica, visible especialmente en las extremidades inferiores y alrededor de los ojos.

Cambios notables en la micción: Orinar con más o menos frecuencia de lo habitual (sobre todo levantarse varias veces por la noche), notar espuma excesiva en la orina o verla de un tono rosado o marrón oscuro por la presencia de sangre.

Piel seca, con picor intenso (prurito): El desequilibrio en los niveles de minerales y nutrientes en la sangre (como el fósforo y el calcio) puede provocar un prurito severo y persistente que no se alivia con cremas hidratantes.

Presión arterial elevada (hipertensión): Los riñones regulan la presión arterial mediante hormonas y líquidos; si se dañan, la presión suele subir, lo que a su vez acelera aún más el deterioro renal.

Sabor metálico en la boca y aliento amoniacal: La acumulación de urea en la sangre (uremia) puede alterar el sentido del gusto, hacer que los alimentos sepan distinto y provocar mal aliento constante.

Náuseas, vómitos y pérdida de apetito: El cúmulo avanzado de toxinas corporales afecta directamente al sistema digestivo, generando sensación de estómago revuelto, asco hacia ciertos alimentos y pérdida de peso involuntaria.

Dificultad para respirar: Puede deberse tanto a la acumulación de líquido en los pulmones como a la falta de oxígeno en la sangre (anemia) provocada por la baja producción de eritropoyetina.

Calambres musculares frecuentes: Las alteraciones en los niveles de electrolitos —como el calcio, el potasio o el magnesio— afectan la función nerviosa y muscular, desencadenando calambres repentinos, especialmente en las piernas.

Hinchazón alrededor de los ojos (edema periorbitario): Una señal clásica de que los riñones están filtrando una cantidad anormalmente alta de proteínas hacia la orina en lugar de retenerlas en el cuerpo.

¿Cuándo puede ser necesaria la diálisis?

La diálisis es un tratamiento médico de sustitución que realiza el trabajo de filtrado que los riñones ya no pueden hacer por sí mismos. Se vuelve necesaria cuando se llega a la etapa terminal de la enfermedad renal crónica (generalmente cuando la tasa de filtración glomerular cae por debajo del 15% o cuando el cuerpo acumula un nivel tóxico de desechos que pone en riesgo la vida).

Los indicadores clínicos que determinan su inicio incluyen:

Desequilibrios severos en los niveles de potasio o ácido en la sangre que no responden a medicamentos.

Retención de líquidos grave que compromete la función cardíaca o pulmonar.

Síntomas urémicos avanzados, como confusión mental, pericarditis o náuseas incontrolables.

Nota médica importante: La detección temprana mediante análisis de sangre (creatinina y tasa de filtración glomerular) y de orina (albuminuria) es la herramienta más eficaz para proteger la salud renal. Ante cualquier síntoma persistente, es indispensable la valoración con un especialista en nefrología.